martes, 28 de octubre de 2008

FÉ MORADA


En medio del fervor de sus fieles que con cánticos y oraciones celebran su paso, la sagrada imagen del Señor de los Milagros inició su recorrido en horas de la mañana, acompañado de una multitud. Los cargadores de su hermandad, las ahumadoras, sus devotos (todos), estamos pendientes de su salida. De su camino. El anda del “Cristo Moreno”, puestas al hombro de sus fieles seguidores de la hermandad, transitaron su tradicional paso procesional.

A priori a la procesión, como ya es costumbre, se celebró una misa fuera de la iglesia Nazarenas, por el arzobispo de Lima y cardenal, Juan Luis Cipriani.

En medio de los cánticos religiosos y el humo de los sahumerios, la imagen del Cristo Morado recorrió las calles de lima para derramar sus bendiciones y recibir el homenaje respectivo de sus devotos.

El Cristo de Pachacamilla recorrió la avenida Tacna hasta Nicolás de Piérola. Luego se dirigió hasta la Plaza Dos Mayo, donde tomó la vía auxiliar de la avenida Alfonso Ugarte, hasta llegar al hospital Arzobispo Loayza. En el nosocomio le hicieron un homenaje. Personal médico, auxiliar y administrativo, así como de las personas internadas.

Luego de dar sus bendiciones el Anda se dirigió hacia el jirón Quilca. Tomó posteriormente el jirón Chota para proseguir por la avenida Bolivia hasta llegar a Garcilaso de la Vega. Desde allí, en medio del gentío que suele acompañar con enorme fe su recorrido, el Cristo Morado tomó su camino de retorno hacia el templo de Las Nazarenas, ubicado en la avenida Tacna.

Allí permaneció hasta el sábado 1 de noviembre, día que realizó su última procesión para luego ser guardado en el monasterio de Las Nazarenas hasta el próximo año.

La fe en el Señor de los Milagros suscita no solo fiebres religiosas, sociológicas y hasta deportivas, sino –hoy en día- se ha convertido en un magnífico acontecimiento mediático.

domingo, 12 de octubre de 2008

Y SE LLAMA PERÚ


Un sentimiento, una historia, una raza, un orgullo representando un lugar. Y es que el Perú es eso. Y está personificado en cada pequeño detalle que tienen (tenemos) los peruanos. Hablar de Perú, es departir de algo grande. Magno. De sus lugares y sus residentes. De una lucha constante de superación. De amor. De patriotismo.

Perú, un país con grandes riquezas, con sitios grandiosos, inundados de aventura y cultura. Que supo, sabe y sabrá explotar lo suyo.

Hermosa Costa, en donde su mar nos enaltece con variedades de especies marinas. Que dio lugar a su plato bandera. El Cebiche. Su Sierra, empapada de nieve, una bandera de paz. Génesis de este país. Sus primeros aborígenes, tenaces, aguerridos, decididos; construyeron ingeniosamente un lugar, que daría alegría a sus colindantes hijos. Macchu Picchu. Que, para un ser común y silvestre es una de las maravillas del mundo, y para más de veintiocho (28) millones de personas es, con certeza, la primera maravilla del globo terrestre. Si no la única.

Y si hablamos de maravillas peruanas, hablamos entonces de su selva, con sus montañas verdosas, con decenas de variedades de flora y fauna, con personas alegres y cordiales y con sus deliciosos platos de comidas (llámese: Juane, Tacacho y Cecina) y de mucho más. Por si no bastara, tiene el amanecer más osado, pues tiene a orillas al río Amazonas, que nos deleita con su sublime caudal.

Esto, irónicamente, no es todo el Perú. Es tal vez, un minúsculo prólogo al paraíso.

Faltaría tiempo y espacio para relatar lo magnífico que es este país, que escribir de ello, es sinceramente una perdida de tiempo. Mejor sería visitar y disfrutar de centenas de lugares, encantarse de su biodiversidad, de diferentes culturas, formas de vida. Todo fusionado en un mismo lugar. Que más puede exigir uno, si lo tiene todo. Lugares, comida y diversión. Lo tiene todo. Y es que Dios a la gloria le cambió de nombre y le puso Perú.

viernes, 10 de octubre de 2008

SANTA CREMA



Y aunque el sol no despertaba y la neblina anegaba de molicie a todos, la mitad más uno del país, impugnaba el desaire de la naturaleza y empezaba a calentar los motores, preparar la garganta y colmar ala jornada.

En Magdalena- un distrito limeño a orillas del mar- no hay domingo que no se inunde de colores cremas, que sus calles no se adornen de banderolas cremas. No hay un solo fin de semana que los vecinos se levanten con cánticos de apasionados hinchas de Universitario de Deportes.

La resaca de la juerga anterior, parece no importar a la masa crema, que se cita eufórica al acostumbrado encuentro antes de cada partido. Distintos barrios, de distintos distritos de la capital. Por un único motivo. La “U”.

Es así como todo hincha de Universitario siente y demuestra su amor por el equipo. Su pasión por la camiseta. Hay quienes dicen que- y me uno a ello- Universitario no es un equipo de fútbol, es sino una forma de vida. Y eso es la mera verdad.

Unos caminando, otros, en camiones. Como sea, en cualquier medio posible e imposible. Lo importante es llegar, alentar, ganar y luego a festejar.

El destino, El Callao. El rival, San Martín, un antagonista que ha dado pelea y que hoy más que nunca quiere abatir la racha crema que viene de ganar tres fechas seguidas.

La barra norte -la más grande del Perú- acaba de llegar. Cantando. Saltando. Chongueando. Mientras tanto, en la tribuna de oriente, la gente también empezaba a dar sus primeros gritos de gloria. Y yo, metido entre ellos, cantando y gozando.

El estadio, como era de esperarse, fue al cien por cien crema. La trinchera norte alegraba la tarde con salmos de sentimiento y pasión. Oriente no se quedaba atrás y hacía lo mismo. Allí, en oriente, se situaba también una minúscula barra del San Martín. Como cuatro gatos, la muela y uno más. Creo.

EL árbitro, Víctor Hugo Rivera, dio el pitazo inicial. Universitario atacaba, pero sin precisión. Un san martín replegado, listo para el ataque. El partido se volvía por ratos de ida y vuelta, mas ni uno de los dos concretaba.


En el minuto 29’, un penal cobrado por el juez de línea hacía que la tarde sea negra para los cremas. Un penal cobrado con justicia, de un Rabanal lleno de inseguridades en el campo. José Díaz, con un zapatazo mando al fondo el balón y a cobrar. Uno-cero a favor del local.

Así se irían a los descansos. Con la ventaja para San Martín. Como era de esperarse los cremas no estarían conforme con la actuación del árbitro y más con la del juez de línea. Las mentadas de madre no se hicieron esperar.

En la segunda mitad del encuentro, los cremas salieron con todo. A atacar. A conseguir el triunfo. San Martín se quedaría con nueve jugadores, por las expulsiones de su jugadores Carrillo y García, por faltas claramente cometidas.

Con una ventaja notable, Universitario no desaprovechó la situación y se vino en avalancha.

Hasta que desde un tiro de esquina, en el minuto 38’, el negro Galván conectó con cabeza y destrozó la valla de Butron. Golazo. EL estadio, poco más y se venía a bajo. Se sufrió una hora y algo más para que llegue esta alegría.

Universitario no se contentó y seguía atacando, pero lamentablemente, terceras personas, que no aman el fútbol, se dedicaron a entorpecer el encuentro y la desconcentración de la misma. Para el árbitro, no había de otra y culminó el partido. Luego del último intento de la U.

Terminó el cotejo, y, a pesar de los problemas extradeportivos, universitario hizo un buen partido, no se dejo estar y salio a ganar. Lamentablemente no se pudo lograr el objetivo, los tres puntos. Pero se sacó uno y sirve. Sirve, pues, haber jugado contra un equipo que metió a sus once jugadores en su arco, un equipo que desde el inició firmo el empate y no supo manejar el resultado, se consiguió vencer esa valla y no pudo contra la garra crema.

Empezó la retirada. Los cremas, con un nudo en la garganta, con la incertidumbre de saber que se pudo hacer más, que se puso huevos, pero no fue suficiente. Algunos se van tristes, otros contentos. Se jugó bien, eso es bueno. Hoy se demostró el porque del título del apertura. Se demostró la Garra. La “U” repunta, y va con fuerza señores.

Hay algunos presuntuosos, que dicen que no se les pudo ganar a pesar de la ventaja de jugadores en el campo. A ellos, solo dejarles hablar, que a fin de año nos volveremos a encontrar. Y la vuelta vamos a dar.