
Un tema que pone los pelos de punta a más de uno. Para quienes vivían en la antigüedad este era el tema tabú, lo prohibido. En la actualidad, se cristianizó en una charla de sobremesa.
Para los padres, se les hace dificultoso entablar una conversación con sus hijos, y peor aún si es sobre sexo. Para los hijos es un tema latoso, pesado. Pero es claro que del tema saben mucho o nada. O simplemente lo fingen. Actúan como titanes, sin saber las secuelas.
Lejos están del goce, y cerca del peligro. De esto, ellos están al tanto. Actúan sin planificación, sin moderación. Tienen la información necesaria. Pero en el momento los cuerpos cuelgan el pudor en lo más fondo del closet y desatan la ira de sus hormonas y se dejan llevar.
El problema también emerge, cuando la información que se filtra en los jóvenes, es equivoca. La mayoría de jóvenes, llega al conocimiento, a través de amigos, entre licores o después de un partido de fútbol en el barrio.
Parte de la culpa -sino toda- tienen los padres, que prefieren que sus hijos se enteren de temas reservados, por terceros. Evitando, evadiendo, la comunicación con ellos.
Muchas veces, se cree saber sobre un contenido, mas que otro. En ocasiones esto puede ser cierto. Pero en general, esto llega a ser falso. Lo espléndido sería, debatir, conversar con las personas convenientes. Con personas que conocen del tema o sencillamente con nuestros padres.
La sexualidad, tabú o no, es aún un tema desconocido para algunos. Esta en nuestras manos, y en la de los padres que se llegue a conocer más a fondo. Cultivarnos no cuesta nada. Dejar de lado la timidez, el pavor y preguntar sobre lo que no sabemos o sobre lo que queremos saber más.
Para los padres, se les hace dificultoso entablar una conversación con sus hijos, y peor aún si es sobre sexo. Para los hijos es un tema latoso, pesado. Pero es claro que del tema saben mucho o nada. O simplemente lo fingen. Actúan como titanes, sin saber las secuelas.
Lejos están del goce, y cerca del peligro. De esto, ellos están al tanto. Actúan sin planificación, sin moderación. Tienen la información necesaria. Pero en el momento los cuerpos cuelgan el pudor en lo más fondo del closet y desatan la ira de sus hormonas y se dejan llevar.
El problema también emerge, cuando la información que se filtra en los jóvenes, es equivoca. La mayoría de jóvenes, llega al conocimiento, a través de amigos, entre licores o después de un partido de fútbol en el barrio.
Parte de la culpa -sino toda- tienen los padres, que prefieren que sus hijos se enteren de temas reservados, por terceros. Evitando, evadiendo, la comunicación con ellos.
Muchas veces, se cree saber sobre un contenido, mas que otro. En ocasiones esto puede ser cierto. Pero en general, esto llega a ser falso. Lo espléndido sería, debatir, conversar con las personas convenientes. Con personas que conocen del tema o sencillamente con nuestros padres.
La sexualidad, tabú o no, es aún un tema desconocido para algunos. Esta en nuestras manos, y en la de los padres que se llegue a conocer más a fondo. Cultivarnos no cuesta nada. Dejar de lado la timidez, el pavor y preguntar sobre lo que no sabemos o sobre lo que queremos saber más.
