domingo, 12 de octubre de 2008

Y SE LLAMA PERÚ


Un sentimiento, una historia, una raza, un orgullo representando un lugar. Y es que el Perú es eso. Y está personificado en cada pequeño detalle que tienen (tenemos) los peruanos. Hablar de Perú, es departir de algo grande. Magno. De sus lugares y sus residentes. De una lucha constante de superación. De amor. De patriotismo.

Perú, un país con grandes riquezas, con sitios grandiosos, inundados de aventura y cultura. Que supo, sabe y sabrá explotar lo suyo.

Hermosa Costa, en donde su mar nos enaltece con variedades de especies marinas. Que dio lugar a su plato bandera. El Cebiche. Su Sierra, empapada de nieve, una bandera de paz. Génesis de este país. Sus primeros aborígenes, tenaces, aguerridos, decididos; construyeron ingeniosamente un lugar, que daría alegría a sus colindantes hijos. Macchu Picchu. Que, para un ser común y silvestre es una de las maravillas del mundo, y para más de veintiocho (28) millones de personas es, con certeza, la primera maravilla del globo terrestre. Si no la única.

Y si hablamos de maravillas peruanas, hablamos entonces de su selva, con sus montañas verdosas, con decenas de variedades de flora y fauna, con personas alegres y cordiales y con sus deliciosos platos de comidas (llámese: Juane, Tacacho y Cecina) y de mucho más. Por si no bastara, tiene el amanecer más osado, pues tiene a orillas al río Amazonas, que nos deleita con su sublime caudal.

Esto, irónicamente, no es todo el Perú. Es tal vez, un minúsculo prólogo al paraíso.

Faltaría tiempo y espacio para relatar lo magnífico que es este país, que escribir de ello, es sinceramente una perdida de tiempo. Mejor sería visitar y disfrutar de centenas de lugares, encantarse de su biodiversidad, de diferentes culturas, formas de vida. Todo fusionado en un mismo lugar. Que más puede exigir uno, si lo tiene todo. Lugares, comida y diversión. Lo tiene todo. Y es que Dios a la gloria le cambió de nombre y le puso Perú.