
La frase ‘clasificamos al mundial’, era, en el glosario peruano muy vano y pasajero. Extraño. Utópico. Ajeno. Este último viernes, esta célebre frasecilla empezó a ensordecer a más de un compatriota que se cito al incidente. Una vez más, una nueva generación del voley peruano lograba obtener la clasificación a un mundial. El voley nos daba una gran alegría, una nueva ilusión. No son las chicas que lograron la gesta en Seúl 88, ni las que nos llevaron a Sydney 2000. Son sencillamente “las matadorcitas” – como las bautizaron – que nos representaran en el mundial que se realizará el año próximo en el país de los tacos y las enchiladas. México.
Viernes, Seis de las tarde, el telón vespertino iba descendiendo y las emociones de los acudidos subía como espuma de cerveza. Por mi parte, como apasionada del deporte de la net, verse llenar el coliseo Dibos, ver rostros con inmensa alegría e incertidumbre, ver a peruanos decididos a quedarse sin garganta, a alentar a esas 6 chicas que darán la vida por su camiseta, por la blanquiroja. Y así fue, desde que entraron hasta que salieron, la euforia se apreció en el coliseo de principio a fin; la, olas, los aplausos los “si se puede”, “los vamos Perú”, todos, cual si fuera una sola voz.
Eran ya las ocho de la noche, los nervios, de punta, se hacían sentir cada vez mas. Pero ello no impediría, que en la cancha, las chicas hagan su trabajo y en la tribuna aporten con gritos efusivos lo que todos queríamos que se consiga.
El rival a someter a nuestra criollada, era, Venezuela. Un equipo de parecía darnos la pelea pero no contaban que el equipo blanquirojo tenia mas de una con la suficiente madurez y serenidad para llevar y dominar el encuentro.
Los tres sets fueron nuestros; las chicas disfrutaron punto a punto el sueño que parecía estársele cumpliendo. Un gran mate peruano puso fin a la angustia y sufrimiento de los peruanos que abandonan el coliseo con gran emoción cual si fueran niños.
Luego de una semana de gran expectativa, las matadorcitas, lograron su objetivo, y con ello la preciada visa para un sueño. Se pasó a las finales, con garra, con pura peruanada, sea cual sea el resultado, se clasificó. El partido con Brasil fue solo un cumplido, pero eso, es otra historia.
Viernes, Seis de las tarde, el telón vespertino iba descendiendo y las emociones de los acudidos subía como espuma de cerveza. Por mi parte, como apasionada del deporte de la net, verse llenar el coliseo Dibos, ver rostros con inmensa alegría e incertidumbre, ver a peruanos decididos a quedarse sin garganta, a alentar a esas 6 chicas que darán la vida por su camiseta, por la blanquiroja. Y así fue, desde que entraron hasta que salieron, la euforia se apreció en el coliseo de principio a fin; la, olas, los aplausos los “si se puede”, “los vamos Perú”, todos, cual si fuera una sola voz.
Eran ya las ocho de la noche, los nervios, de punta, se hacían sentir cada vez mas. Pero ello no impediría, que en la cancha, las chicas hagan su trabajo y en la tribuna aporten con gritos efusivos lo que todos queríamos que se consiga.
El rival a someter a nuestra criollada, era, Venezuela. Un equipo de parecía darnos la pelea pero no contaban que el equipo blanquirojo tenia mas de una con la suficiente madurez y serenidad para llevar y dominar el encuentro.
Los tres sets fueron nuestros; las chicas disfrutaron punto a punto el sueño que parecía estársele cumpliendo. Un gran mate peruano puso fin a la angustia y sufrimiento de los peruanos que abandonan el coliseo con gran emoción cual si fueran niños.
Luego de una semana de gran expectativa, las matadorcitas, lograron su objetivo, y con ello la preciada visa para un sueño. Se pasó a las finales, con garra, con pura peruanada, sea cual sea el resultado, se clasificó. El partido con Brasil fue solo un cumplido, pero eso, es otra historia.
