domingo, 9 de agosto de 2009

CONFESIONES DE UN ORATE II


Pasan los días, las horas, los minutos, y cuando me doy cuenta estoy otra vez sentado frente al computador, igual que aquella vez, (la primera vez), nervioso, decidido a confesarme y mis manos tiemblan, y el corazón me late a mil, a dos mil, a tres mil. Y pienso en ti cada vez que respiro. Y cuando me doy cuenta, otra vez veo al orate. Como siempre, como todos los días: envuelto en tu frenesí. Y te veo. Y te siento. Y lo creo. Esta vez para confesar lo ya exteriorizado, para recalcar, para subrayar. Para dejarme llevar por la monomanía que hiciste germinar en mí desde el primer instante que te tuve cerca. Y más cuando estuviste lejos, cuando era insospechable, inalcanzable. Y más cuando no te lo imaginabas. Y más cuando lo hicimos posible.
Nació y hoy crece sin control, con delirio. Y hoy se alimenta constantemente de perfección. Aquella sonrisa que buscaba, hoy vive en mí. Aquellos ojos chinos son ahora la luz que reluce mi camino. Nuestro camino. Aquella coquetería que me cautivo, hoy lo hace posible todo. Aquel corazón que se detuvo sigue bombeando amor. Aquel sueño, se realizó. Aún no logro describir tu belleza con exactitud. No encuentro palabras que lo hagan. Solo sigue entrando por mis ojos, se sumerge y vive en mí. Y sigue volviéndome loco. Y sigue encantándome. Y sigues enamorándome.
Cada paso que das, cada vaivén de tu cabello, cada abrir y cerrar de tus ojos, cada caricia, cada respiración, cada gesto. Son incontables los detalles (naturales) que posees. Son innumerables pormenores que hacen de este loco un enamorado más. Que hacen de mis días los más perfectos. Que hacen que odie el final del día, que hacen que no sea santo de devoción de la distancia. Pero que hacen que ame mi vida. Que ame todo lo que tienes, todo lo que das. QUE TE AME. Más. Y más. Me deleita compartir mis días, compartir mi vida, compartir mi demencia contigo. Me alegra que seas tú la mujer de mi vida. Lo sabía, lo sentía, lo quería. Y hoy me desvivo por ti, y hoy lo tengo todo junto a ti. Y me alegra tu vida. Tú, mi vida, me alegras.
Aquí estoy, enamorado, feliz, loco, ilusionado. Conquistando el paraíso a tu lado. Aprovechando cada segundo de nuestra vida. Y en respuesta a todo, recibo más de lo que doy. No has parado ni un solo segundo de llenarme de amor (y estoy seguro que nunca lo harás), no has dejado que nuestros días caiga en la monotonía, porque cada día es distinto al otro, porque cada día me das más amor, porque simplemente sigues siendo la niña que me enamoró. Porque sigues siendo mi inspiración.
En nuestras vidas, no hay lugar para la desdicha y no hay cabida para las tristezas. Si alguna vez no supe expresarme, te pido perdón, del único modo que se, abriéndote el corazón para que entres y te quedes allí para siempre. Y mi corazón no deja de idolatrarte, mis ojos no dejan de mirarte, mis labios no dejan de desear tus labios. Mis días no son los mismos desde que llegaste. Ni la distancia, ni nada podrá impedir que siga amándote. Tu vida no deja de encantarme. Tus manos me siguen quitando el sueño. Tus sueños siguen siendo mis sueños.
Y sueño con morir en tus brazos, cogerte de la mano, caminar y disfrutar el presente mirando el futuro. Nuestro futuro. Acariciarte. Besarte. Mimarte. Y confieso que este orate siempre supo que iba hacer así. Y confieso que eres el mejor regalo para mí. Yo te regalé mi corazón y mi vida porque junto a ti se que nada me pasará, porque se que me harás feliz, que me cuidarás y me mimarás. Porque sé quien eres. Porque me gustas. Porque te amo. Porque me amas. Porque nos amamos.

miércoles, 29 de abril de 2009

¿ Y AHORA QUE LE CUENTO A MI HIJO?


Cuando mi hijo tenga diez años, yo tendré cuarenta, un poco más o un poco menos. Con aproximadamente cinco mundiales de la selección peruana tiradas al tacho, con la misma vergüenza de haber quedado últimos en la tabla, sin ninguna posibilidad (matemática) de llegar a la copa del mundo como lo siento ahora (2009). Desgraciadamente -o afortunadamente- él solo habrá vivido la desazón de los últimos tres, y con raciocinio de tan solo dos eliminatorias derrochadas.

Las canas que tengo no son solo por el transcurrir de la vida, parte de ellas son por haberme quemado el cerebro de tanto pensar y buscarle un porque a este problema, que nos sigue acogiendo desde hace más de una década. Las preguntas que me llegan de él son obvias, son las mismas que yo me hacía cuando vivía mi pubertad, mi adolescencia y mi juventud. Y sin llegar a muy lejos, las mismas que ahora de viejo, me las sigo preguntando: ¿Por qué no llegamos a un mundial?

Mi hijo, a llegado a apasionarse tanto por el ‘deporte rey’ que quiere llegar a jugar en la ligas mayores, para que -inocentemente- trate de llevar a Perú a la copa del mundo. Yo aplaudo su pundonor, pero trato de que sea realista, tanto o más como lo fui yo cuando tenía su edad. Antes de los diez años, yo ya tenía mi primer amor, le comento, fue Universitario de Deportes, ese equipo que con garra ganaba todos los encuentros, y si perdía, no dejaba de poner los cojones hasta el último segundo. A veces quería que ese equipo, el que sacó tri campeón a la “U”, jugara los partidos de las eliminatorias y así clasificáramos al mundial. Pero era imposible. Utópico.

El fútbol, hijo, el fútbol pasó de ser un deporte apasionado, de juego bonito, de sudor a la camiseta, a ser un simple ‘mercado de pulgas’, de compras y ventas, de números financieros, de modelos, de estilo, de maricas. Y con ello arrastró cualquier habilidad con el balón, con ese criollismo futbolero que poseían muchos de los nuestros. El peruano dejó de creer en su selección, y carcomió cualquier posibilidad de aliento alguno por los muchachos. Y es que esos once jugadores que solían salir a la cancha y entregar todo por su país empezaron a preocuparse más por el cuidado de su cuerpo en beneficio de su bolsillo y en contra de los que gastáramos 25 soles por llenar ese estadio y quedarnos sin aliento, no por los goles sino de tanto renegar y renegar.

Me lleno de incertidumbre y de vergüenza cuándo me siento con mi hijo para platicar de fútbol, pues en mí queda ese amargo sabor de no saber que decirle cuando me pregunta el porque de este problema, y por inercia me sale el cliché que muchos de mi generación lo venimos expresando a viva voz “No me moriré hasta ver a Perú en un mundial”, pero sé a ciencia cierta que lo decimos para salirnos por la tangente y cambiar de tema.

Mientras mi hijo va creciendo, en mí se va agotando la posibilidad de realizar mi sueño. Y no quiero pensar que sucumbiré sin hacerlo, que dejaré como herencia para mi hijo ese titubeo que me llena de desconsuelo, de furor. Qué le contaré a mi hijo, que tema tocaré, de qué discutiremos cuando sentados veamos juntos un partido de Perú. O simplemente seguiré diciendo la premisa de que algún día llegará ese dichoso y anhelado momento. De que la próxima generación de futbolistas peruanos logrará ese ansiado título. No quisiera que mi hijo lleve en su hombro esa cruz que por tanto tiempo yo lo estuvo (estoy) llevando, ese, el de no saber que se siente ver a tu selección en un mundial, el de ver a Perú jugar con países de verdadero fútbol.

Me avergüenza decirle a mi hijo que nunca supe que se siente clasificar a un mundial, que las veces que fui a ver jugar a la selección siempre salí indignado, con un nudo en la garganta y en muchas ocasiones con lágrimas en los ojos. Me encoleriza la situación en la que se encuentra el fútbol peruano, y más aún porque viene de muchos años atrás. Me molesta que me molesten y que se sigan burlando de nosotros, de nuestras pésimas actuaciones, y peor aún que no se haga nada por revertir este estúpido rendimiento.

Si tan solo se hubiera hecho algo cuando la maldición no maduraba tanto como lo esta ahora, si tan solo se pudiera retroceder el tiempo y volveríamos al 2009, y hubiéramos hecho todos una huelga futbolera, que ningún hincha pisara los estadios por mas hincha que sea, que todos los periodista deportivo hicieran caso omiso sobre el fútbol peruano y así no ganase más dinero el desgraciado ese de Burga, que hubiéramos unido fuerzas todos los peruanos para desalojar a este sujeto de la federación y a todo ‘chupamedia’ que estuviera con él, estoy seguro que otra sería la historia y yo tuviera algo espectacular para contarle a mi hijo. Pero ya es demasiado tarde, con cinco mundiales perdidos -y el próximo seguramente será lo mismo- no me quedan esperanzas de seguir soñando. Solo me queda decirle a mi hijo que guarde este texto y lo lea con cariño y gran meditación para mi nieto. En una posible representación de él y mía.

jueves, 15 de enero de 2009

EL PRIMERO... DE MUCHOS!!



LUNES 15 DE DICIEMBRE. 9:05 p.m.… Toc toc!... quién es?... De repente te vi ahí, frente mío, tu mirada, tu sonrisa, tus caricias… eras tú llamando abrir la puerta de mi corazón. Sin saber que dentro tuyo, tu corazón tenía la llave para hacerlo. Y así pasó, entraste y me encantaste. Me enamoraste!

Es desde entonces que vivimos un sueño eterno real, del cual ni tú ni yo queremos despertar. Día tras día, hora tras hora, segundo tras segundo, respiro tras respiro, cada instante de nuestras vidas, empapados de felicidad, de amor, de encanto.

El tiempo pasa y me enamoro cada vez más de ti. Me gusta estar a tu lado, compartir mi vida con una persona como tu. Sencilla, hermosa, inteligente, detallista, divertida, fuerte… en realidad no hay palabras exactas para describirte… pero hago el intento… Hay infinitas razones por la cual estoy enamorado, la mas importante: por lo que eres y por lo que soy cuando estoy contigo… y es que te amo como no tienes idea!!

Hoy, nuestro primer aniversario, el primero de muchos – si me lo permites- no pido nada más que estar en tus brazos, sentir tu calor, inundarme de tu amor. Mimarte. Amarte. Seguir siendo la persona que alegra tus días, que vela tus sueños, que logra sacar una sonrisa de esa carita hermosa. Seguir escuchando un Si pero No, un supongo, un más adelante, un ya es tarde o estar en silencio, mirarnos, sonreír, besarnos… amarnos… para siempre. Te busque por tanto tiempo, sin cesar, pero al fin te encontré, tan perfecta como te imaginé… MI PUNTO FINAL ERES TÚ.