miércoles, 29 de abril de 2009

¿ Y AHORA QUE LE CUENTO A MI HIJO?


Cuando mi hijo tenga diez años, yo tendré cuarenta, un poco más o un poco menos. Con aproximadamente cinco mundiales de la selección peruana tiradas al tacho, con la misma vergüenza de haber quedado últimos en la tabla, sin ninguna posibilidad (matemática) de llegar a la copa del mundo como lo siento ahora (2009). Desgraciadamente -o afortunadamente- él solo habrá vivido la desazón de los últimos tres, y con raciocinio de tan solo dos eliminatorias derrochadas.

Las canas que tengo no son solo por el transcurrir de la vida, parte de ellas son por haberme quemado el cerebro de tanto pensar y buscarle un porque a este problema, que nos sigue acogiendo desde hace más de una década. Las preguntas que me llegan de él son obvias, son las mismas que yo me hacía cuando vivía mi pubertad, mi adolescencia y mi juventud. Y sin llegar a muy lejos, las mismas que ahora de viejo, me las sigo preguntando: ¿Por qué no llegamos a un mundial?

Mi hijo, a llegado a apasionarse tanto por el ‘deporte rey’ que quiere llegar a jugar en la ligas mayores, para que -inocentemente- trate de llevar a Perú a la copa del mundo. Yo aplaudo su pundonor, pero trato de que sea realista, tanto o más como lo fui yo cuando tenía su edad. Antes de los diez años, yo ya tenía mi primer amor, le comento, fue Universitario de Deportes, ese equipo que con garra ganaba todos los encuentros, y si perdía, no dejaba de poner los cojones hasta el último segundo. A veces quería que ese equipo, el que sacó tri campeón a la “U”, jugara los partidos de las eliminatorias y así clasificáramos al mundial. Pero era imposible. Utópico.

El fútbol, hijo, el fútbol pasó de ser un deporte apasionado, de juego bonito, de sudor a la camiseta, a ser un simple ‘mercado de pulgas’, de compras y ventas, de números financieros, de modelos, de estilo, de maricas. Y con ello arrastró cualquier habilidad con el balón, con ese criollismo futbolero que poseían muchos de los nuestros. El peruano dejó de creer en su selección, y carcomió cualquier posibilidad de aliento alguno por los muchachos. Y es que esos once jugadores que solían salir a la cancha y entregar todo por su país empezaron a preocuparse más por el cuidado de su cuerpo en beneficio de su bolsillo y en contra de los que gastáramos 25 soles por llenar ese estadio y quedarnos sin aliento, no por los goles sino de tanto renegar y renegar.

Me lleno de incertidumbre y de vergüenza cuándo me siento con mi hijo para platicar de fútbol, pues en mí queda ese amargo sabor de no saber que decirle cuando me pregunta el porque de este problema, y por inercia me sale el cliché que muchos de mi generación lo venimos expresando a viva voz “No me moriré hasta ver a Perú en un mundial”, pero sé a ciencia cierta que lo decimos para salirnos por la tangente y cambiar de tema.

Mientras mi hijo va creciendo, en mí se va agotando la posibilidad de realizar mi sueño. Y no quiero pensar que sucumbiré sin hacerlo, que dejaré como herencia para mi hijo ese titubeo que me llena de desconsuelo, de furor. Qué le contaré a mi hijo, que tema tocaré, de qué discutiremos cuando sentados veamos juntos un partido de Perú. O simplemente seguiré diciendo la premisa de que algún día llegará ese dichoso y anhelado momento. De que la próxima generación de futbolistas peruanos logrará ese ansiado título. No quisiera que mi hijo lleve en su hombro esa cruz que por tanto tiempo yo lo estuvo (estoy) llevando, ese, el de no saber que se siente ver a tu selección en un mundial, el de ver a Perú jugar con países de verdadero fútbol.

Me avergüenza decirle a mi hijo que nunca supe que se siente clasificar a un mundial, que las veces que fui a ver jugar a la selección siempre salí indignado, con un nudo en la garganta y en muchas ocasiones con lágrimas en los ojos. Me encoleriza la situación en la que se encuentra el fútbol peruano, y más aún porque viene de muchos años atrás. Me molesta que me molesten y que se sigan burlando de nosotros, de nuestras pésimas actuaciones, y peor aún que no se haga nada por revertir este estúpido rendimiento.

Si tan solo se hubiera hecho algo cuando la maldición no maduraba tanto como lo esta ahora, si tan solo se pudiera retroceder el tiempo y volveríamos al 2009, y hubiéramos hecho todos una huelga futbolera, que ningún hincha pisara los estadios por mas hincha que sea, que todos los periodista deportivo hicieran caso omiso sobre el fútbol peruano y así no ganase más dinero el desgraciado ese de Burga, que hubiéramos unido fuerzas todos los peruanos para desalojar a este sujeto de la federación y a todo ‘chupamedia’ que estuviera con él, estoy seguro que otra sería la historia y yo tuviera algo espectacular para contarle a mi hijo. Pero ya es demasiado tarde, con cinco mundiales perdidos -y el próximo seguramente será lo mismo- no me quedan esperanzas de seguir soñando. Solo me queda decirle a mi hijo que guarde este texto y lo lea con cariño y gran meditación para mi nieto. En una posible representación de él y mía.

2 comentarios:

  1. ...Que no necesariamente tiene que ser
    de fútbol, algun día le vas a contar, le vamos a contar como nació nuestro amor y supongo lo llevaremos al cine irónicamente...TE AMO!
    ERES EL AMOR DE MI VIDA°

    L&C!
    15.12.08

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  2. cada año ganamos 365 cuentos de todo tipo de desde cuentos de A-mor hasta de Z-ombies, de algunos me acordare y de otro no pero lo que estoy seguro es que le contare algo mas que solo futbol a mi hijo...q°c°p

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