
Pasan los días, las horas, los minutos, y cuando me doy cuenta estoy otra vez sentado frente al computador, igual que aquella vez, (la primera vez), nervioso, decidido a confesarme y mis manos tiemblan, y el corazón me late a mil, a dos mil, a tres mil. Y pienso en ti cada vez que respiro. Y cuando me doy cuenta, otra vez veo al orate. Como siempre, como todos los días: envuelto en tu frenesí. Y te veo. Y te siento. Y lo creo. Esta vez para confesar lo ya exteriorizado, para recalcar, para subrayar. Para dejarme llevar por la monomanía que hiciste germinar en mí desde el primer instante que te tuve cerca. Y más cuando estuviste lejos, cuando era insospechable, inalcanzable. Y más cuando no te lo imaginabas. Y más cuando lo hicimos posible.
Nació y hoy crece sin control, con delirio. Y hoy se alimenta constantemente de perfección. Aquella sonrisa que buscaba, hoy vive en mí. Aquellos ojos chinos son ahora la luz que reluce mi camino. Nuestro camino. Aquella coquetería que me cautivo, hoy lo hace posible todo. Aquel corazón que se detuvo sigue bombeando amor. Aquel sueño, se realizó. Aún no logro describir tu belleza con exactitud. No encuentro palabras que lo hagan. Solo sigue entrando por mis ojos, se sumerge y vive en mí. Y sigue volviéndome loco. Y sigue encantándome. Y sigues enamorándome.
Cada paso que das, cada vaivén de tu cabello, cada abrir y cerrar de tus ojos, cada caricia, cada respiración, cada gesto. Son incontables los detalles (naturales) que posees. Son innumerables pormenores que hacen de este loco un enamorado más. Que hacen de mis días los más perfectos. Que hacen que odie el final del día, que hacen que no sea santo de devoción de la distancia. Pero que hacen que ame mi vida. Que ame todo lo que tienes, todo lo que das. QUE TE AME. Más. Y más. Me deleita compartir mis días, compartir mi vida, compartir mi demencia contigo. Me alegra que seas tú la mujer de mi vida. Lo sabía, lo sentía, lo quería. Y hoy me desvivo por ti, y hoy lo tengo todo junto a ti. Y me alegra tu vida. Tú, mi vida, me alegras.
Aquí estoy, enamorado, feliz, loco, ilusionado. Conquistando el paraíso a tu lado. Aprovechando cada segundo de nuestra vida. Y en respuesta a todo, recibo más de lo que doy. No has parado ni un solo segundo de llenarme de amor (y estoy seguro que nunca lo harás), no has dejado que nuestros días caiga en la monotonía, porque cada día es distinto al otro, porque cada día me das más amor, porque simplemente sigues siendo la niña que me enamoró. Porque sigues siendo mi inspiración.
En nuestras vidas, no hay lugar para la desdicha y no hay cabida para las tristezas. Si alguna vez no supe expresarme, te pido perdón, del único modo que se, abriéndote el corazón para que entres y te quedes allí para siempre. Y mi corazón no deja de idolatrarte, mis ojos no dejan de mirarte, mis labios no dejan de desear tus labios. Mis días no son los mismos desde que llegaste. Ni la distancia, ni nada podrá impedir que siga amándote. Tu vida no deja de encantarme. Tus manos me siguen quitando el sueño. Tus sueños siguen siendo mis sueños.
Y sueño con morir en tus brazos, cogerte de la mano, caminar y disfrutar el presente mirando el futuro. Nuestro futuro. Acariciarte. Besarte. Mimarte. Y confieso que este orate siempre supo que iba hacer así. Y confieso que eres el mejor regalo para mí. Yo te regalé mi corazón y mi vida porque junto a ti se que nada me pasará, porque se que me harás feliz, que me cuidarás y me mimarás. Porque sé quien eres. Porque me gustas. Porque te amo. Porque me amas. Porque nos amamos.





