
Me levanté extrañamente, con una sonrisa de oreja a oreja, con la frente en alto, distinto, y no sabia el por qué, o quizás no quería suponer que era porque había llegado el día esperado. Decidido a todo dispuesto a contrarrestar mis miedos y dejar a un lado los nervios, mochila en mano y disfrazado de periodista me encamino hacia una nueva experiencia. Mi primera entrevista. Siento como si en mi hubiese reencarnado aquel superhéroe sacado de un cómic, dispuesto a enfrentarme a los mas peligrosos villanos con el fin supremo de servir a la humanidad. En fin.I’m Ironman.
Mi destino: Oquendo - Callao, un distrito chalaco alejado de la ciudad, a una hora de Magdalena - distrito donde vivo – a diez minutos del Aeropuerto, exactamente pasando el Terminal Pesquero.
Puente baja!, tomo un mototaxi que me llevaría hacia la casa de Rosa, ‘china’ hasta masa, subo y en no menos de tres minutos llegue al lugar. Hubiese caminado. Me paro frente a la casa y el corazón empezó a acelerar poco a poco, segundo a segundo. Recuerdo esos instantes como aquella tarde en que fui a ver el partido de fútbol que disputaba el quipo de mis amores con los victorianos minutos antes que el encuentro terminara y nos consagráramos campeón en su cancha. Mi corazón al igual que ahora latió a mil por hora, pero esta vez las sensaciones eran opuestas. Había perdido la confianza, por unos segundos la cambie por nervios. Aquel hombre de hierro desapareció por miserables segundos, pero volvió a mi luego de tocar el timbre de la casa y me atendiese aquel distinguido hombre, el señor Pedro, “Monin” como le llaman sus hijos y nietos, padre de Rosa. Pues broma tras broma hizo que recupere lo que segundos atrás había perdido. La confianza.
Adelante. Ponte cómodo. Rosa baja en unos minutos, alcanzó a decirme el señor con una sonrisa sarcástica, pues intuyo que sabia cuan nervioso estaba. Prendí un cigarrillo y esperé ansioso a mi ‘victima’. La casa, vista del exterior parece un hogar común y corriente, de una familia tradicional limeña. Por dentro mi perspectiva cambió rotundamente. Una pared llena de cuadros de la familia con John me daba la bienvenida, puestas allí en memoria a él por los momentos de alegría que se habían vivido ahí. Los juguetes de su pequeño hijo regados por toda la casa, en la parte central un televisor que me da la sensación que fuera una sala de cine y de cabecera un cuadro de los dos en el día de su boda. En el fondo, una mesa con tantas sillas que parecía que en ese lugar se hubiese celebrado la ultima cena, pues los integrantes de esta familia son numerosos. Rosa prefirió cambiar el tradicional cuadro del ‘Corazón de Jesús’ por uno con la foto de su esposo con la vestimenta militar, que fue regalado por sus compañeros de paracaidismo por su honrosa valentía.
Ya iba por mi tercer cigarrillo, cuando apareció Rosa. La salude y el explique el motivo por el cual quise escribir sobre ella, su esposo y ese episodio lamentable de su vida.
Rosa minuciosamente, trataba de contarme como era su esposo. El segundo de 5 hermanos, nació en Piura. Su familia, de clase media, no tenia muchos recursos económicos y por eso que tenia que trabajar para ayudarlos, siempre trataba de que a sus hermanos no les faltase nada. “Cuando lo conocí, él me prometió que iba velar por mi para toda la vida” dice Rosa emocionada al recordar esos momentos inolvidables de su vida. Como todo militar, tenía una perspectiva distinta a la del ser humano común y corriente, el sentía que lo podía todo. Jordi, como le decían sus compañeros, era el más valiente de todos, siempre se ponía delante de cualquier expedición, no se rendía fácilmente, él daba la vida por su familia. “Él es el héroe de la familia…siempre me decía que si alguna vez los atacaban el iba dar su vida por su institución, que preferiría morir a quedar incapacitado de por vida…” exclama Rosa, tras derramar las primeras lágrimas que sabia con certeza llegaría.
Hincha de Alianza Lima, de pequeño y como toda su familia. No se perdía ningún partido de su equipo, ni el lugar donde se encontraba importaba, pues el tenía que saber el resultado como sea.
John pertenecía al grupo de efectivos de la Dirección de Operaciones Especiales (DIROES). Era, como dice Rosa, el esposo perfecto, pero había algo que la incomodaba. Su trabajo. Pues tenía que viajar cada vez que se lo pidieran. Sus viajes se hacían mas constantes y repentinos, pero no era ningún impedimento para que los cortos momentos que pasara en casa lo disfrutase como debiera, con la esposa y el hijo.
En mayo del 2007, John viajaría a la selva de Tocache (San Martín) y allí se interno para una misión importante. Esa noticia fue inicio de otra discusión entre ellos, pues el cumpleaños de su hijo se aproximaba y él no tenia fecha de regreso. Rosa esta vez no tendría oportunidad para una reconciliación.
La tarde del 14 de Junio del 2007, perecía ser para ella un día común y corriente. Presentía algo pero no sabia que y le resto importancia. Esa tarde como nunca no había recibido llamada alguna por parte de sus familiares. Como diariamente suelen realizar. Al llegar a su casa, promediada las diez de la noche, el teléfono empezó a sonar. Una y otra vez. Compañeros de John que llamaban para saber como estaba, que cobardemente habían perdido la valentía de darle la mala noticia a Rosa. Aun no podía descifrar lo que horas antes estaba presintiendo. La llamada de su cuñada iba ser la que confirmaría todo. “Rosa prende el televisor, pon el noticiero” fueron la primeras palabras que pudo decir su cuñada, pues el llanto no dejaba fluir la conversación. “Hubo una emboscada en Tocache. John aparece en la lista de fallecidos”. Rosa desconcertada llena de nervios, solo alcanzó a decir: No, no es él. No lo podía concebir y atinó a colgar el teléfono.
La noticia salió a la luz en todos los medios de comunicación, una emboscada de narcoterroristas había causado la muerte de un fiscal y de tres efectivos policiales de la DINOES, aún no se sabía con exactitud los nombres de los fallecidos. Esa sería para ella la última esperanza que tendría, pues minutos más tardes recibiría una llamada desde Tocache, que confirmaría la desgracia. El coronel a cargo, Américo Villena Tupa, confirmaba el fallecimiento de ‘Jordi’ en el fatal ataque.
Rosa gritaba, lloraba, temblaba, se desesperaba al no saber que hacer, mientras en una esquina parado inocentemente Jhonny, su hijo, de san solo 4 años, la observaba sin entender el enorme problema que les acogía. Ella intentaba calmarse por su hijo, pero, sin resultado se desvanecía constantemente, familiares cercanos llegaron a la casa para auxiliarla. Destrozados intentaron calmarla, mientras esperaban más noticias acerca del hecho, pues nadie daba detalles, nadie salía a dar la cara, ni un porque. Nada.
La mañana del sábado 16 de Junio del 2007, fueron inhumados los restos de los policías John Carrasco Rojas (36) y José Colca, en el cementerio Santa Rosa de Chorrillos. Rindieron un homenaje póstumo a estos valerosos héroes nacionales y fueron ascendidos al grado inmediato superior.
Rosa, no olvidará nunca esa mañana. Nos sentamos en la sala mientras saca una colección de periódicos, revistas y fotos de aquel día. El rostro para entonces, empezó a empaparse de lágrimas y con una voz entrecortada menciona un frase que desde ese memorioso día se ha convirtió en el lema que su familia menciona en cada reunión. “Ahora comprendemos que John nació para eso, para ser un héroe…”, y hoy también realmente comprendí que para ser héroe se nace, mas no se sueña.
Recordará todos estos hechos con lagrimas en lo ojos, con la soledad reflejada en su rostro, la voz aun entrecortada; guardando el dolor y siendo fuerte para ser padre y madre para su niño. Velará por él como su esposo veló por ellos en vida.
Pero… ¿Qué paso realmente en esa emboscada?, ni los periódicos, ni los noticieros daban con la verdad del acontecimientos. Los testimonios que Rosa tiene cuenta realmente la verdad de dicha emboscada.
Los terroristas lanzaron explosivos para detener los vehículos y facilitar el ataque, el convoy de camionetas patrullaba la zona y se dirigía a Tocache. En la primera camioneta iban los cuatro policías y el fiscal que fueron asesinados. John estaba a lado del conductor, durante el tiroteo éste usó como escudo humano el cuerpo de John, quien murió instantáneamente por una bala en la cabeza. ¿Cobardía verdad? Pues eso es lo que siente ella quien no encuentra otra salida que la de llorar de impotencia y desconsuelo.
Rescata además, que fue una negligencia del coronel a cargo, Américo Villena; quien a pesar de haber recibido amenazas directas de los terroristas, envió a los suboficiales sin suficiente respaldo policial. Solo dos policías sobrevivieron; el conductor y otro efectivo policial, quienes huyeron durante el tiroteo en un acto de cobardía sin auxiliar a sus compañeros heridos.
Rosa ya no quiere hablar más sobre el tema, mira con dolor la foto de su amado. Llora en silencio, susurra cosas y sonríe. Pero nunca se borra de esos ojos chinos aquel orgullo que siente por el hombre que la hizo feliz desde que lo conoció. Por John. Por su héroe. ¿Hasta qué punto una mujer puede aguantar tanto dolor en silencio?, haciéndose la fuerte frente a los demás… ¿cómo decir a tu hijo que no verá a su padre nunca más? Me pregunto si existen respuestas para estas interrogantes, me pongo por un momento en la situación de aquellas víctimas y esos hombres que viven en constante peligro y aplaudo realmente el valor que tienen para sobreponerse a estos desastres. Para no agachar la cabeza y rendirse, para mirar hacia adelante. Yo, estoy seguro que no lo lograría.
Después de casi un año del fatídico día, Rosa recuerda cada momento vivido como si fuese ayer. Cada reunión familiar, cada noche fría en soledad, cada pregunta de su pequeño hijo, lo hacen siempre recordar a él, “es un vacío muy grande el que dejó John, todos aquí lo extrañamos”, menciona.
Rosa, demostró ser una mujer fuerte, decidida, supo anteponerse ante cualquier golpe, ante cualquier recuerdo. Hoy su rostro expresa tranquilidad, sencillez, paz, su semblante es totalmente diferente si la comparo con las infinitas fotos que me mostró. ‘La cruda’; como le decía John, supo salir adelante, como estoy seguro hubiese querido él.
Johnny, su hijo, juega con los discos compactos, solo pude notar los de los cantantes de salsa, Marc Anthony, Héctor Lavoe, Gilberto Santa Rosa, entre otros, pero ella recogió uno y supuse que era el más significativo. Eva Ayllón. Rosa hacia un paréntesis para hablar sobre la música que había escuchado durante varias semanas. “Extraño tenerte, tan cerca mirarte, besar tu sonrisa; sin apuro sin prisa…extraño tu nombre, tus pasos buscándome, tu rostro apareciendo cuando esta anocheciendo. Extraño tu ausencia porque inquieta mi paciencia…tu llegada iluminando mi mirada tan callada, extraño las noches con halagos con reproches; amanecer en ti….yo extraño”; se interpone Eva Ayllón en nuestra conversación y me deja a un lado, el centro de atención, de más importancia es precisamente la letra de esta canción. Lo dice todo. Tan profundo. Tan preciso. No hay palabras para descifrar lo que estoy sintiendo.
Mira fijamente al cielo y su mirada logra perderse en él, empezó en mi una sensación rara, la nostalgia de ver esa mujer llorar por la ausencia del amor de su vida y el orgullo ajeno de saber que ella supo salir de ese vacío y saco adelante a su familia y a su hijo, era motivo de idolatrar, era simplemente, el mejor regalo que Dios me pudo dar…conocer ha esta mujer.
Hoy gané una nueva experiencia, una nueva lección, una nueva amiga, una nueva familia. Aprendí realmente el sentido de la vida. De la misma que uno puede perderla en un abrir y cerrar de ojos. Al igual que Rosa aquel momento sintió que lo perdía todo, sin embargo, no se dejó caer, siguió hacia adelante, cambió. Luchó hasta conseguir lo que es ahora, una mujer emprendedora. Fuerte. Decidida a todo. Los recuerdos siempre vivirán en nuestros corazones y serán la fuente del pasar de nuestros días y volveremos a ellos como un sutil homenaje. Lo único constante es el cambio, diversos cambios, de todo tipo, diversas causas para estos efectos que se marcan en tu piel y forman parte de tu esencia por siempre…
Mi destino: Oquendo - Callao, un distrito chalaco alejado de la ciudad, a una hora de Magdalena - distrito donde vivo – a diez minutos del Aeropuerto, exactamente pasando el Terminal Pesquero.
Puente baja!, tomo un mototaxi que me llevaría hacia la casa de Rosa, ‘china’ hasta masa, subo y en no menos de tres minutos llegue al lugar. Hubiese caminado. Me paro frente a la casa y el corazón empezó a acelerar poco a poco, segundo a segundo. Recuerdo esos instantes como aquella tarde en que fui a ver el partido de fútbol que disputaba el quipo de mis amores con los victorianos minutos antes que el encuentro terminara y nos consagráramos campeón en su cancha. Mi corazón al igual que ahora latió a mil por hora, pero esta vez las sensaciones eran opuestas. Había perdido la confianza, por unos segundos la cambie por nervios. Aquel hombre de hierro desapareció por miserables segundos, pero volvió a mi luego de tocar el timbre de la casa y me atendiese aquel distinguido hombre, el señor Pedro, “Monin” como le llaman sus hijos y nietos, padre de Rosa. Pues broma tras broma hizo que recupere lo que segundos atrás había perdido. La confianza.
Adelante. Ponte cómodo. Rosa baja en unos minutos, alcanzó a decirme el señor con una sonrisa sarcástica, pues intuyo que sabia cuan nervioso estaba. Prendí un cigarrillo y esperé ansioso a mi ‘victima’. La casa, vista del exterior parece un hogar común y corriente, de una familia tradicional limeña. Por dentro mi perspectiva cambió rotundamente. Una pared llena de cuadros de la familia con John me daba la bienvenida, puestas allí en memoria a él por los momentos de alegría que se habían vivido ahí. Los juguetes de su pequeño hijo regados por toda la casa, en la parte central un televisor que me da la sensación que fuera una sala de cine y de cabecera un cuadro de los dos en el día de su boda. En el fondo, una mesa con tantas sillas que parecía que en ese lugar se hubiese celebrado la ultima cena, pues los integrantes de esta familia son numerosos. Rosa prefirió cambiar el tradicional cuadro del ‘Corazón de Jesús’ por uno con la foto de su esposo con la vestimenta militar, que fue regalado por sus compañeros de paracaidismo por su honrosa valentía.
Ya iba por mi tercer cigarrillo, cuando apareció Rosa. La salude y el explique el motivo por el cual quise escribir sobre ella, su esposo y ese episodio lamentable de su vida.
Rosa minuciosamente, trataba de contarme como era su esposo. El segundo de 5 hermanos, nació en Piura. Su familia, de clase media, no tenia muchos recursos económicos y por eso que tenia que trabajar para ayudarlos, siempre trataba de que a sus hermanos no les faltase nada. “Cuando lo conocí, él me prometió que iba velar por mi para toda la vida” dice Rosa emocionada al recordar esos momentos inolvidables de su vida. Como todo militar, tenía una perspectiva distinta a la del ser humano común y corriente, el sentía que lo podía todo. Jordi, como le decían sus compañeros, era el más valiente de todos, siempre se ponía delante de cualquier expedición, no se rendía fácilmente, él daba la vida por su familia. “Él es el héroe de la familia…siempre me decía que si alguna vez los atacaban el iba dar su vida por su institución, que preferiría morir a quedar incapacitado de por vida…” exclama Rosa, tras derramar las primeras lágrimas que sabia con certeza llegaría.
Hincha de Alianza Lima, de pequeño y como toda su familia. No se perdía ningún partido de su equipo, ni el lugar donde se encontraba importaba, pues el tenía que saber el resultado como sea.
John pertenecía al grupo de efectivos de la Dirección de Operaciones Especiales (DIROES). Era, como dice Rosa, el esposo perfecto, pero había algo que la incomodaba. Su trabajo. Pues tenía que viajar cada vez que se lo pidieran. Sus viajes se hacían mas constantes y repentinos, pero no era ningún impedimento para que los cortos momentos que pasara en casa lo disfrutase como debiera, con la esposa y el hijo.
En mayo del 2007, John viajaría a la selva de Tocache (San Martín) y allí se interno para una misión importante. Esa noticia fue inicio de otra discusión entre ellos, pues el cumpleaños de su hijo se aproximaba y él no tenia fecha de regreso. Rosa esta vez no tendría oportunidad para una reconciliación.
La tarde del 14 de Junio del 2007, perecía ser para ella un día común y corriente. Presentía algo pero no sabia que y le resto importancia. Esa tarde como nunca no había recibido llamada alguna por parte de sus familiares. Como diariamente suelen realizar. Al llegar a su casa, promediada las diez de la noche, el teléfono empezó a sonar. Una y otra vez. Compañeros de John que llamaban para saber como estaba, que cobardemente habían perdido la valentía de darle la mala noticia a Rosa. Aun no podía descifrar lo que horas antes estaba presintiendo. La llamada de su cuñada iba ser la que confirmaría todo. “Rosa prende el televisor, pon el noticiero” fueron la primeras palabras que pudo decir su cuñada, pues el llanto no dejaba fluir la conversación. “Hubo una emboscada en Tocache. John aparece en la lista de fallecidos”. Rosa desconcertada llena de nervios, solo alcanzó a decir: No, no es él. No lo podía concebir y atinó a colgar el teléfono.
La noticia salió a la luz en todos los medios de comunicación, una emboscada de narcoterroristas había causado la muerte de un fiscal y de tres efectivos policiales de la DINOES, aún no se sabía con exactitud los nombres de los fallecidos. Esa sería para ella la última esperanza que tendría, pues minutos más tardes recibiría una llamada desde Tocache, que confirmaría la desgracia. El coronel a cargo, Américo Villena Tupa, confirmaba el fallecimiento de ‘Jordi’ en el fatal ataque.
Rosa gritaba, lloraba, temblaba, se desesperaba al no saber que hacer, mientras en una esquina parado inocentemente Jhonny, su hijo, de san solo 4 años, la observaba sin entender el enorme problema que les acogía. Ella intentaba calmarse por su hijo, pero, sin resultado se desvanecía constantemente, familiares cercanos llegaron a la casa para auxiliarla. Destrozados intentaron calmarla, mientras esperaban más noticias acerca del hecho, pues nadie daba detalles, nadie salía a dar la cara, ni un porque. Nada.
La mañana del sábado 16 de Junio del 2007, fueron inhumados los restos de los policías John Carrasco Rojas (36) y José Colca, en el cementerio Santa Rosa de Chorrillos. Rindieron un homenaje póstumo a estos valerosos héroes nacionales y fueron ascendidos al grado inmediato superior.
Rosa, no olvidará nunca esa mañana. Nos sentamos en la sala mientras saca una colección de periódicos, revistas y fotos de aquel día. El rostro para entonces, empezó a empaparse de lágrimas y con una voz entrecortada menciona un frase que desde ese memorioso día se ha convirtió en el lema que su familia menciona en cada reunión. “Ahora comprendemos que John nació para eso, para ser un héroe…”, y hoy también realmente comprendí que para ser héroe se nace, mas no se sueña.
Recordará todos estos hechos con lagrimas en lo ojos, con la soledad reflejada en su rostro, la voz aun entrecortada; guardando el dolor y siendo fuerte para ser padre y madre para su niño. Velará por él como su esposo veló por ellos en vida.
Pero… ¿Qué paso realmente en esa emboscada?, ni los periódicos, ni los noticieros daban con la verdad del acontecimientos. Los testimonios que Rosa tiene cuenta realmente la verdad de dicha emboscada.
Los terroristas lanzaron explosivos para detener los vehículos y facilitar el ataque, el convoy de camionetas patrullaba la zona y se dirigía a Tocache. En la primera camioneta iban los cuatro policías y el fiscal que fueron asesinados. John estaba a lado del conductor, durante el tiroteo éste usó como escudo humano el cuerpo de John, quien murió instantáneamente por una bala en la cabeza. ¿Cobardía verdad? Pues eso es lo que siente ella quien no encuentra otra salida que la de llorar de impotencia y desconsuelo.
Rescata además, que fue una negligencia del coronel a cargo, Américo Villena; quien a pesar de haber recibido amenazas directas de los terroristas, envió a los suboficiales sin suficiente respaldo policial. Solo dos policías sobrevivieron; el conductor y otro efectivo policial, quienes huyeron durante el tiroteo en un acto de cobardía sin auxiliar a sus compañeros heridos.
Rosa ya no quiere hablar más sobre el tema, mira con dolor la foto de su amado. Llora en silencio, susurra cosas y sonríe. Pero nunca se borra de esos ojos chinos aquel orgullo que siente por el hombre que la hizo feliz desde que lo conoció. Por John. Por su héroe. ¿Hasta qué punto una mujer puede aguantar tanto dolor en silencio?, haciéndose la fuerte frente a los demás… ¿cómo decir a tu hijo que no verá a su padre nunca más? Me pregunto si existen respuestas para estas interrogantes, me pongo por un momento en la situación de aquellas víctimas y esos hombres que viven en constante peligro y aplaudo realmente el valor que tienen para sobreponerse a estos desastres. Para no agachar la cabeza y rendirse, para mirar hacia adelante. Yo, estoy seguro que no lo lograría.
Después de casi un año del fatídico día, Rosa recuerda cada momento vivido como si fuese ayer. Cada reunión familiar, cada noche fría en soledad, cada pregunta de su pequeño hijo, lo hacen siempre recordar a él, “es un vacío muy grande el que dejó John, todos aquí lo extrañamos”, menciona.
Rosa, demostró ser una mujer fuerte, decidida, supo anteponerse ante cualquier golpe, ante cualquier recuerdo. Hoy su rostro expresa tranquilidad, sencillez, paz, su semblante es totalmente diferente si la comparo con las infinitas fotos que me mostró. ‘La cruda’; como le decía John, supo salir adelante, como estoy seguro hubiese querido él.
Johnny, su hijo, juega con los discos compactos, solo pude notar los de los cantantes de salsa, Marc Anthony, Héctor Lavoe, Gilberto Santa Rosa, entre otros, pero ella recogió uno y supuse que era el más significativo. Eva Ayllón. Rosa hacia un paréntesis para hablar sobre la música que había escuchado durante varias semanas. “Extraño tenerte, tan cerca mirarte, besar tu sonrisa; sin apuro sin prisa…extraño tu nombre, tus pasos buscándome, tu rostro apareciendo cuando esta anocheciendo. Extraño tu ausencia porque inquieta mi paciencia…tu llegada iluminando mi mirada tan callada, extraño las noches con halagos con reproches; amanecer en ti….yo extraño”; se interpone Eva Ayllón en nuestra conversación y me deja a un lado, el centro de atención, de más importancia es precisamente la letra de esta canción. Lo dice todo. Tan profundo. Tan preciso. No hay palabras para descifrar lo que estoy sintiendo.
Mira fijamente al cielo y su mirada logra perderse en él, empezó en mi una sensación rara, la nostalgia de ver esa mujer llorar por la ausencia del amor de su vida y el orgullo ajeno de saber que ella supo salir de ese vacío y saco adelante a su familia y a su hijo, era motivo de idolatrar, era simplemente, el mejor regalo que Dios me pudo dar…conocer ha esta mujer.
Hoy gané una nueva experiencia, una nueva lección, una nueva amiga, una nueva familia. Aprendí realmente el sentido de la vida. De la misma que uno puede perderla en un abrir y cerrar de ojos. Al igual que Rosa aquel momento sintió que lo perdía todo, sin embargo, no se dejó caer, siguió hacia adelante, cambió. Luchó hasta conseguir lo que es ahora, una mujer emprendedora. Fuerte. Decidida a todo. Los recuerdos siempre vivirán en nuestros corazones y serán la fuente del pasar de nuestros días y volveremos a ellos como un sutil homenaje. Lo único constante es el cambio, diversos cambios, de todo tipo, diversas causas para estos efectos que se marcan en tu piel y forman parte de tu esencia por siempre…

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