
Hoy es un día especial, miércoles 02 de Julio del 2008, es tú día y el mío, hace veinte años, luego del segundo intento de paternidad de dos esposos, nació el que sería el hincha más aferrado a su sentimiento, para satisfacción de estos tórtolos y el tuyo. Eduardo (hasta tu nombre lo lleva dentro). Y hace seis años, tú, también esperas alegría y jolgorio que es dar la vuelta. Campeonar.
Pasaron, días, meses, años, para poder verte campeón una vez más. Hoy es tu oportunidad. No sabes cuantos corazones alegrarás esta noche, a miles, a todos, menos algunos. Pero que importan esos pocos, seguro que también se alegraran, pues si nos es hoy, será mañana con ellos. Y eso es de temer.
Poco a poco iba desplomándose el telón, las gargantas iban calentándose, unos con ron, otros con pisco, yo, con una enorme gotita de pasión. Es justamente mi onomástico y espero con ímpetu que me des el mejor regalo. Ser campeón.
La oscuridad hoy no será negra, Dios la pintara de crema. El atolladero limeño, rutinario, agita mi corazón. Son las 5: 30 p.m., falta mucho para tu salida al campo, al igual que para llegar a tu templo, y eso, me impacienta, me sulfura, me irrita cada milésima de segundo que se filtra en el camino. No llego campeón, no llego.
El carro, da vueltas y vueltas sin encontrar la salida, mi viejo, mi hermano, mi enamorada- la infiltrada -, todos nos enloquecemos allí dentro, ya solo falta cinco minutos, para el pitazo inicial, y no avanzamos nada. Por el amor de Dios, alguien que nos ayude. Vamos viejo, usa tu ‘lleca’ para llegar.
Y así fue, la suerte de campeón este día nos acompaña. A correr se ha dicho. Cinco cuadras y mi robusto cuerpo no puede más.
A lo lejos las enormes colas hacían que para ese entonces perdamos la esperanza de verte. La gente, cada vez iba voceando que ya el estadio estaba repleto, pero había algo dentro que me tranquilizaba. MI AMOR POR TI. Para ese entonces el partido ya había empezado, cinco minutos sin verte, de afuera solo se escuchaba a las gargantas clamar enloquecidamente tu nombre. Pero no iba a rendirme.
La puerta, la de socios, se abrió, carné en mano y por fin, pudimos entrar. Mi corazón volvió a latir. Los improvistos ocurridos con anterioridad, no se compararon con lo que vendría luego. En el maldito sistema de asociados ya no figuraba mi nombre y así que no podía pasar, todos menos yo, no jodas, que puto día hermano, pensé. Batallé tanto para que a unos pasos de la celebración no me dejasen entrar. Así no juega la U. Caballero nomás, a florear se ha dicho. Un poco más y lloro. Insisto, la suerte es para campeones. Y hoy, yo, lo era. Luego de presentar mi documento, para que constataran que era socio, que era mi cumpleaños y que no podían dejar afuera, se ablandaron de mí e ingresé, por la puerta grande, como debe ser. Por fin.
Lo veo y no lo creo. Todo el templo coloreado de crema, como lo esperaba. Con el corazón en la boca nos ubicamos, como era previsto, en un mal lugar, pero eso ya no importaba, finalmente estoy aquí y te puedo sentir.
Gol, gol y gol. Fueron tres, señores, lo mínimo que se podía hacer. Las gambetas, que solo tú lo tienes, la garra que solo el campeón posee, la alegría de tu hinchada que solo tú ostentas y gozas. Hoy, mañana y siempre. Todo era perfecto, la hora, el lugar, el día.
Las gargantas, apunto de estallar, el calor merengue hacia que no pudiera esperar más. Y ya lo ven, y ya lo ven, somos campeones otra vez. De pie señores, solo quedan segundos para la solemnidad.
El silbatazo final hizo estallar de júbilo al monumental. Los abrazos, las lágrimas, los gritos no se hicieron esperar. Campeón, Campeón. Todos a celebrar.
Fueron los noventa minutos mas alegres de mi día, de tú día. Me lo regalaste y no lo olvidaré. Tú cariño, el de mi viejo, de mi hermano y el más especial, de mi victoriana enamorada, en ese momento, fueron los más sublimes de mi vida.
Gracias U, por llenar mi vida, por darme a entender que lo que siento por ti no es una pasión, sino un sentimiento, gracias pues luego de este largo tiempo de expectativa, escogiste este día para celebrarlo juntos, para que me reglarás esto, un campeonato. Sé con certeza que llegaran más y más títulos y estaré allí para verlo otra vez. Gracias Grace, pues a pesar de no ser crema estuviste allí, dándome también alegría. Este cumpleaños es el mejor de todos, Gracias Campeón.
No fue un sueño, es esta la realidad. Hoy dimos la Vuelta y toca celebrar, mañana estaré en boca de todos esos suspicaces, que dirán que ya era hora, y es verdad, era hora de que el Campeón celebre. Luego de tanto sufrimiento. Son seis años señores. No quiero imaginar si hubiesen sido dieciocho años, eso sería fatal. Criminal.
Estoy seguro que si jugaras en el cielo, moriría por verte.
A mis viejos la vida, a la U el corazón…
Miércoles 02 de Julio, 2008 (luego de la celebración).
Pasaron, días, meses, años, para poder verte campeón una vez más. Hoy es tu oportunidad. No sabes cuantos corazones alegrarás esta noche, a miles, a todos, menos algunos. Pero que importan esos pocos, seguro que también se alegraran, pues si nos es hoy, será mañana con ellos. Y eso es de temer.
Poco a poco iba desplomándose el telón, las gargantas iban calentándose, unos con ron, otros con pisco, yo, con una enorme gotita de pasión. Es justamente mi onomástico y espero con ímpetu que me des el mejor regalo. Ser campeón.
La oscuridad hoy no será negra, Dios la pintara de crema. El atolladero limeño, rutinario, agita mi corazón. Son las 5: 30 p.m., falta mucho para tu salida al campo, al igual que para llegar a tu templo, y eso, me impacienta, me sulfura, me irrita cada milésima de segundo que se filtra en el camino. No llego campeón, no llego.
El carro, da vueltas y vueltas sin encontrar la salida, mi viejo, mi hermano, mi enamorada- la infiltrada -, todos nos enloquecemos allí dentro, ya solo falta cinco minutos, para el pitazo inicial, y no avanzamos nada. Por el amor de Dios, alguien que nos ayude. Vamos viejo, usa tu ‘lleca’ para llegar.
Y así fue, la suerte de campeón este día nos acompaña. A correr se ha dicho. Cinco cuadras y mi robusto cuerpo no puede más.
A lo lejos las enormes colas hacían que para ese entonces perdamos la esperanza de verte. La gente, cada vez iba voceando que ya el estadio estaba repleto, pero había algo dentro que me tranquilizaba. MI AMOR POR TI. Para ese entonces el partido ya había empezado, cinco minutos sin verte, de afuera solo se escuchaba a las gargantas clamar enloquecidamente tu nombre. Pero no iba a rendirme.
La puerta, la de socios, se abrió, carné en mano y por fin, pudimos entrar. Mi corazón volvió a latir. Los improvistos ocurridos con anterioridad, no se compararon con lo que vendría luego. En el maldito sistema de asociados ya no figuraba mi nombre y así que no podía pasar, todos menos yo, no jodas, que puto día hermano, pensé. Batallé tanto para que a unos pasos de la celebración no me dejasen entrar. Así no juega la U. Caballero nomás, a florear se ha dicho. Un poco más y lloro. Insisto, la suerte es para campeones. Y hoy, yo, lo era. Luego de presentar mi documento, para que constataran que era socio, que era mi cumpleaños y que no podían dejar afuera, se ablandaron de mí e ingresé, por la puerta grande, como debe ser. Por fin.
Lo veo y no lo creo. Todo el templo coloreado de crema, como lo esperaba. Con el corazón en la boca nos ubicamos, como era previsto, en un mal lugar, pero eso ya no importaba, finalmente estoy aquí y te puedo sentir.
Gol, gol y gol. Fueron tres, señores, lo mínimo que se podía hacer. Las gambetas, que solo tú lo tienes, la garra que solo el campeón posee, la alegría de tu hinchada que solo tú ostentas y gozas. Hoy, mañana y siempre. Todo era perfecto, la hora, el lugar, el día.
Las gargantas, apunto de estallar, el calor merengue hacia que no pudiera esperar más. Y ya lo ven, y ya lo ven, somos campeones otra vez. De pie señores, solo quedan segundos para la solemnidad.
El silbatazo final hizo estallar de júbilo al monumental. Los abrazos, las lágrimas, los gritos no se hicieron esperar. Campeón, Campeón. Todos a celebrar.
Fueron los noventa minutos mas alegres de mi día, de tú día. Me lo regalaste y no lo olvidaré. Tú cariño, el de mi viejo, de mi hermano y el más especial, de mi victoriana enamorada, en ese momento, fueron los más sublimes de mi vida.
Gracias U, por llenar mi vida, por darme a entender que lo que siento por ti no es una pasión, sino un sentimiento, gracias pues luego de este largo tiempo de expectativa, escogiste este día para celebrarlo juntos, para que me reglarás esto, un campeonato. Sé con certeza que llegaran más y más títulos y estaré allí para verlo otra vez. Gracias Grace, pues a pesar de no ser crema estuviste allí, dándome también alegría. Este cumpleaños es el mejor de todos, Gracias Campeón.
No fue un sueño, es esta la realidad. Hoy dimos la Vuelta y toca celebrar, mañana estaré en boca de todos esos suspicaces, que dirán que ya era hora, y es verdad, era hora de que el Campeón celebre. Luego de tanto sufrimiento. Son seis años señores. No quiero imaginar si hubiesen sido dieciocho años, eso sería fatal. Criminal.
Estoy seguro que si jugaras en el cielo, moriría por verte.
A mis viejos la vida, a la U el corazón…
Miércoles 02 de Julio, 2008 (luego de la celebración).

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